lunes 19 de octubre de 2009

Pizza, birra y gata flora

Una pizza a $ 30 ¿no es un robo? Siempre me quejo de eso, yo fanático de la pizza -menos con ananá- de cualquier cosa.

Pero ayer pasé por la puerta de un comercio céntrico y vi que la muzzarela estaba a $ 9,99. Lo curioso de la mente humana es que en vez de pensar "qué bueno, voy a venir a comer", lo primero que indujo mi mente fue: "uhhh... ¿10 mangos?... ¡lo que debe ser esa pizza!".

Maldito gato floro. Que si está cara te quejás, que si está barato también.

Así no se puede...

martes 13 de octubre de 2009

Descubrimos por qué se murió Paul Newman

Su voz en "Cars" fue reemplazada al castellano por Juan María Traverso.

Su voz en "La familia suricata" fue reemplazada al castellano por Pancho Ibáñez.

¿Les parece poco motivo?

¿Qué venía? ¡¿Guido Kaczka?!

jueves 8 de octubre de 2009

Este sitio te da alas...



Dicen que son lugares donde te colocan alas, pero para mí que la gente de Puntonoticias toma mucho Red bull...

Ahora, ¿se imaginan una escudería viejos alados?

Ver para creer en: http://www.puntonoticias.com/noticias.php?idArt=584

martes 29 de septiembre de 2009

Deseos

"La muerte no se le desea a nadie".

Pero ella es alguien, no es nadie.

lunes 28 de septiembre de 2009

Chau y hola

Como las bandas que se separan y vuelven a juntarse un tiempo después, Vida mangosta se despidió, aunque no explícitamente, para volver ¡en forma de fichas! En fin... que como verán desde diciembre que no se postea nada y, aunque ideas siempre hubo, lo que no hubo fue tiempo y constancia para plasmarlas. También porque la vida blogueril demanda un tiempo para conectarse con el resto de la blogósfera del que actualmente carecemos. La cuestión es que ante la posibilidad de terminar subiendo sandeces, lo mejor es bajar definitivamente la persiana y mantener a Vida mangosta como algo lindo que sirvió en su momento para explorar, explotar y, por qué no, conocer gente. La verdad que muy contentos por la respuesta que tuvimos y conformes con el nivel de los lectores que cosechamos. No algo masivo, pero sí un grupúsculo copado que se sumaba siempre a las pavadas imperantes. Pero claro, como lo que nos gusta es escribir y, como lo habrán notado, sobre todo de cine, lo que hemos hecho es arrojarnos hacia otra idea. Desde hace algunos minutos está online www.brickkilledaguy.wordpress.com, un nuevo blog made in casa que intentará mantener el espíritu mangosteril hablando sobre la comedia norteamericana actual, esa que desde este espacio siempre hemos defendido como indispensable. Sepan disculpar quienes hayan esperado que continuemos con esto, aunque dudamos que haya alguien todavía del otro lado que ingrese con fines didácticos.


En fin, que hasta el último día de octubre esto estará operativo y luego será un recuerdo. Esperemos que alguna vez en una reunión salga el "te acordás cuando mangosta...". En fin, los espero en I love lamp, el nuevo blog sobre comedia yanqui y mucho, pero mucho Will Ferrell, el más mangosta de los comediantes.

Un abrazo y disculpen el fracaso. Es lo único que les puedo dar.

Mex

miércoles 24 de diciembre de 2008

La última Navidad de Matías

Matías lo descubrió esa noche. Pasadas uno poquito las 24. Más o menos a esa hora los mayores se levantaron de la mesa. Más o menos porque el reloj del abuelo Esteban marcaba las 23:58, el de la tía Susana las 23:59 y el de papá Claudio las exactas 24. Y como estaban en lo de papá Claudio, la hora oficial era esa. Matías era el único chico de la mesa, de una familia regada de solteronas, solterones, abuelos y padres de 30 y algo negados a aumentar la prole.

Todo ocurría entre martillazos a nueces, descascaramientos de garrapiñadas, corchos voladores y gritos y festejos. Las 24. En punto. Los ruidos de los primeros cohetes afuera fueron la señal para que uno a uno los adultos se pusieran de pie y corrieran junto al pino navideño, que estaba en el living, separado por una puerta de dos hojas del comedor. Matías no aguantaba más, sabía que ese era el momento especial en el que se comenzaban a abrir los regalos que estaban al pie del pino y que habían sido dejados por Papá Noel, justo cuando estaba en su pieza cambiándose. Esas horas que había pasado dilucidando qué había debajo de cada envoltorio tendrían su desenlace definitivo. El suspenso agonizaba. Aunque lo que vino, no lo esperaba.

Matías vio movimientos raros. Susurros transmitidos entre los integrantes de su familia. La última destinataria de los susurros fue mamá Mariana. Mamá miró para todos lados y huyó por una puerta lateral rumbo a las habitaciones. Matías quiso ir detrás, pero papá Claudio lo detuvo. Lo alzó, no pesaba tanto para sus 9 años. Lo llevó de nuevo para el comedor. Matías pataleaba, preguntaba qué pasaba, estiraba el cuello para ver hacia el living. Los adultos habían rodeado el pino, las luces rojas, verdes, amarillas, azules del árbol, daban tonalidades a sus rostros. Todos miraban a Matías.

A pesar del esfuerzo de papá Claudio, Matías la vio. La vio a mamá Mariana entrar con una bicicleta y ponerla junto al pino. “Ahora sí”, gritó el abuelo Esteban. “¿Ahora sí qué?”, preguntó Matías a papá Claudio, quien no respondió. Sólo atinó a tomarlo de la mano y a llevarlo para el living. Pero se soltó y salió corriendo, llegó al living. Matías estaba agitado, los adultos que rodeaban el pino se fueron abriendo uno a uno hasta hacer evidente que allí había una bicicleta. Todos sonreían y esperaban la respuesta de Matías. Las luces se reflejaban en sus dientes enormes y podridos de adultos.

Matías miró y los miró. Puso mala cara. “Esa bicicleta no la trajo Papá Noel”, les dijo. Los increpó, los cuestionó, hizo miles de preguntas. Los adultos se excusaron, dijeron que Papá Noel la había dejado en otro lado porque no la podía cargar. Que se la había olvidado en el techo. Que por eso mamá Mariana la había ido a buscar. Matías los señalaba con el dedo, a mamá Mariana, al abuelo Esteban, a la abuela Coca, a la tía Susana, al primo Miguel. No les creyó.

Papá Claudio, que venía por detrás, le puso una mano en el hombro a Matías. “Mirá Matu, la bici te la trajo Papá Noel, disfrutala; era lo que vos querías”, le dijo. Matías se cruzó de brazos y exigió nuevamente que alguien le explique qué había pasado, por qué nunca podía ver a Papá Noel, por qué siempre los regalos aparecían cuando él no estaba. Ahora papá Claudio le puso una mano sobre cada hombro. Le hizo un gesto al abuelo Esteban, como quien asiente apretando los labios y cierra los ojos. Como quien da permiso para que se revele un secreto ancestral.

El abuelo Esteban se agachó hasta quedar cara a cara con Matías. Lo miró a los ojos. Por detrás del abuelo Esteban se acercó la abuela Coca, tomó al abuelo Esteban por la nuca y le corrió los pelos que caían un poco ralamente. Tomó algo que era como un cierre y empezó a tirar de una cremallera. Rápidamente, ante los ojos de Matías, la piel del abuelo Esteban se fue arrugando y transformando en una especie de disfraz. Finalmente la cabeza del abuelo Esteban salió erguida de allí dentro, también su cuerpo. Se paró. En el piso, todo arrugado, estaba el traje de abuelo. Ahora, parado frente a Matías, el abuelo Esteban se había transformado en un Papá Noel. Debajo de la piel había un hombre vestido de rojo y blanco, con barba prominente y lentes. “¿Ves?”, le dijo a Matías. Y con su mano izquierda hizo un ademán como para que los otros procedan.

Uno a uno los familiares fueron bajando la cremallera que tenían en la espalda, imperceptible, para así dejar caer sus trajes y quedar en evidencia. Los padres eran Papá Noel, los tíos eran Papá Noel, los primos eran Papá Noel, los abuelos eran Papá Noel. El suelo del living parecía una habitación en día de fiesta, repleta de abrigos. Pieles humanas por todos lados. Matías se tocó la nuca, allí, debajo del pelo sentía un pico, algo, escarbó con sus dedos y logró sacarse piel hasta descubrirla. El también tenía la cremallera.

Matías quedó sorprendido. Intentó bajarla. Comenzó a tirar con sus dedos. Su padre lo paró con la mano y le dijo: “no, todavía no estás preparado para esto”.

lunes 22 de diciembre de 2008

Pum para arriba

No, no vamos a hacer chistes fáciles con Tinelli y los perros o las perras. Sí, como a usted me indigna ver a este tipo y que el Banco Provincia, entidad estatal de mi provincia, le pague para hacer una publicidad que seguramente no fue gratis y encima la haga mal. Pordio, ni eso puede hacer bien este fulano. Por otra parte tampoco me resultó graciosa, aunque hacen el esfuerzo por meter un par de momentos absurdos. Sí, el absurdo invadió la publicidad argentina y hoy todos se creen graciosos, mientras en la televisión no tenemos un solo programa humorístico. Finalmente el absurdo en nuestro país fue absorbido por las multinacionales y eso es lo más absurdo de todo. Pero no vengo para hablar de nada de eso. ¿Entonces?

Entonces que me genera dolor pensar cómo quedó este perro cuando Tinelli lo largó al piso. Si ya la vieron, mírenla de nuevo, vean cómo este salame luego de enarbolar las banderas de la causa contra el maltrato a los perros… ¡lo tira a la altura del pecho! Marmota, no es un gato que cae parado de un 10º piso… ¡es un perro!

miércoles 17 de diciembre de 2008

Más o menos

“Los padres creen que sus hijos tienen más sexo del que realmente tienen; mientras que los hijos creen que sus padres tienen menos sexo del que realmente tienen”.

(extraído de “No entiendo un choto; reflexiones sobre la juventud”, un libro en el que el licenciado Barlota se puso a filosofar sobre la adolescencia al cumplir 50 años. Por entonces, Barlota se había convertido en ídolo popular a partir de su intervención en películas picarescas de izquierda como “Filo Sofía”, films rodados con muy bajo presupuesto y casi de incógnito en la España franquista. Allí, el licenciado interpretaba siempre a un paria que se acostaba con mujeres de la alta sociedad con el objetivo de fecundar a cada una y terminar invadiendo España desde el vientre materno. Si bien sus acciones eran realizadas en la clandestinidad, las películas trascendían y llegaban a todo el mundo. Una de ellas contó con guión de Federico García Lorca y dirección de Luis Buñuel)

jueves 11 de diciembre de 2008

Deja que entre...

Mientras repensaba la posibilidad de volver a postear tras una larga ausencia, una noche en nuestro Dios Youtube se me apareció algo que me hizo dar ganas del retorno: el final de Virgen a los 40 -que por lo demás siempre estuvo presente en mi mente para esta sección-. Pero al final no fue y volví con otra cosa. Sin embargo esta semana ya cacé esta película dos veces en televisión y a pesar de la hora que era -como las 2 de la mañana póngale-, me quedé mirándola nuevamente. Por enésima vez.

¿Pero qué tiene esta película que la hace indispensable? (les diría que me hace feliz, pero me da vergüencita usar ese término: 1) tiene a Steve Carell; 2) tiene a Seth Rogen, que comenzamos a descubrirlo aquí; 3) fue el debut en la dirección de Judd Apatow, el Rey Midas de la comedia actual; 4) demuestra que la grosería puede ser inteligencia; 5) reflexiona sobre su tema (la virginidad) con una sensibilidad increíble; 6) mira a la amistad masculina con ternura, pero sin dejar de señalar el patetismo; 7) tiene personajes increíbles como el de Paul Rudd; 8) hizo que la Comedia Moderna Norteamericana llegue al público sin aligerar la carga de delirio y absurdo (“If Jack Palance looked like that lady I would want to fuck Jack Palance right now”); 9) tiene uno de los mejores finales que recuerde.

Es raro, la comedia musical no me gusta como género (me encanta Moulin Rouge, pero es casi una meta-comedia musical), pero sí me gustan esos momentos en que el cine se hace canción. Y en los crédito de Virgen a los 40 todos los personajes del film entonan Aquarius / Let the Sun Shine in, en una coreografía que rememora la psicodelia setentosa tardía a lo Hair. Sorpresa, gracia, risa, alegría, diversión. Esa capacidad que tienen estas comedias resumida en un videoclip sumamente festivo.

Apatow filma en su debut cinematográfico -tras años de transitar la producción y la escritura de guiones- la historia de un tipo de no debutó sexualmente. La película, que muchos pondrían por su temática al lado de cosas como Porky’s, se aleja lentamente de su eje para mirar con un ojo cariñoso la relación entre el sexo, la sociedad y los grupos humanos (luego lo haría en una vertiente más “preocupada” con Ligeramente embarazada). El film es inteligente porque se nutre de la misoginia para revertirla y volverla contra sus personajes. Así como el Andy virgen no es una víctima, sino que es víctima de sus propios prejuicios. Pero no llega, por poco, a la corrección política porque es sumamente honesta con su propuesta.

Así como en Viviendo con mi ex un plano sobre la cara de Vince Vaughn luego de participar de una orgía nos decía que la película iba más allá de la estudiantina, aquí la reflexión sobre la virginidad que hace el propio Andy, de cómo algo que no ocurrió se transformó en algo no buscado ni deseado, pone en evidencia que este tipo de comedias no confunden la ordinariez de su superficie con la altura en la profundidad para tocar determinados temas. “Respeto mucho a las mujeres; las respeto tanto… ¡que ni siquiera me acerco a ellas!”, grita Andy horrorizado. Una sensibilidad especial que puede ser mirada con cinismo.

Y después de todo ese mundo tan cercano como irreal -esa es la capacidad de Apatow que lo convierte en el más humano de los directores de comedia-, Virgen a los 40 termina con ese brillante clip, diciendo que hay que dejar que el sol entre. Autoconciencia total sobre la ingenuidad del mensaje. Felicidad absoluta. Y además descubrir que Jonah Hill -el gordo de Supercool- ¡ya estaba ahí desde antes! Estos tipos, todos, tienen la verdad absoluta sobre la supervivencia en este mundo. Que siga habiendo refugios como estos.

sábado 6 de diciembre de 2008

Vintage


Cristina: "es como Evita pero envuelta para regalo".

Florencia: "ma, es como si te invita Mirtha Legrand a su programa y te recibe durmiendo la siesta".

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